Lucha contra su cáncer luego de ser despojada de su finca y tener que huir

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“Yo prácticamente lo que hago es operación pote. Aquí en el Oncológico me darán la cirugía, pero igual es caro lo de las biopsias, los medicamentos y todos los insumos para la operación. Yo hice un avisito pidiendo ayuda y entre amigas colaboran, e incluso, mucha gente que uno no conoce lo ayuda”.

Esta es la forma cómo consigue lo de su tratamiento para el cáncer María Fernanda Suárez. Y es que detrás de cada paciente con cáncer en Venezuela hay una historia que no difiere mucho en cuanto al sufrimiento, pobreza y falta de atención tras el diagnóstico. No solo es un padecer físico devastador que puede llevar a la muerte, es que muchos pacientes oncológicos no cuentan con lo suficiente ni para comer, menos para tratamientos.

María Fernanda Suárez, ha experimentado mucho desde que supo que un cáncer se alojó en su mama izquierda. Su historia es de valentía y sufrimiento, desde el día que esa noticia le cambió todo. Incluso, debió mudarse de su ciudad, pero a donde vaya en el mismo país, vivir resulta muy retador y la vida es lo único que tiene, por eso la pelea con todo.

Dice también Suárez que teme al Covid19, pero hasta la tarde de este miércoles cuando se investigó, los pacientes oncológicos del Táchira no conocían de ningún plan de vacunación para ellos, a pesar de ser considerados población de alto riesgo.

De acuerdo a la Sociedad Anticancerosa de Venezuela (SAV), desde el año 2012 no se cuenta con cifras oficiales en el país que indiquen con certeza la incidencia y mortalidad del cáncer. Pero en datos recogidos por el Observatorio Venezolano de la Salud –OVS- el cáncer es uno de los problemas de salud más importantes en Venezuela. Más de 50.000 casos nuevos se producen anualmente y más de 20.000 fallecen cada año, refieren en su página web.

María Suárez, sigue su batalla

Tres mil dólares para atenderse cáncer de mama

Al carente servicio de salud pública es a lo que tienen acceso más del 95% de los pacientes venezolanos, porque el sector privado es inalcanzable para un ciudadano común.

“Chequear alguna sospecha de anomalía en los senos en Venezuela -por ejemplo-  requiere como mínimo 3000 dólares, sostiene Luisa Rodríguez Táriba, presidenta de Funcamama. Explica que los tres mil dólares se distribuirán en la consulta con el mastólogo, la ecografía, la mamografía, la punción, el estudio patológico, densitometría ósea, tomografías, RX de tórax, exámenes preoperatorios, una o dos horas en un quirófano y una noche en hospitalización, dijo.

Así que cumplir con todo lo que reza la norma para combatir un cáncer de mama, es casi imposible para la economía de quienes ganan 2 dólares por mes en el país, que es la mayoría de la población dependiente del salario mínimo.

Le robaron hasta su casa

Si a todo el padecer se suma la inseguridad social que vive el venezolano y se atraviesa un ladrón, no hay manera de concebir más tragedia. Y eso justamente sucedió a María Fernanda Suárez.

“Nosotros somos de Maracay, vivíamos de lo que cultivamos en una finquita, pero allá nos robaron también y tuvimos que venirnos. Nos robaron la finca. A mí me secuestraron, salimos y tuvimos que huir prácticamente”.

Se vino a San Cristóbal a la casa de su madre y dejó atrás su pequeña finca en el estado Aragua, “más que todo sembrábamos frutales. Trabajábamos entre los dos porque tampoco teníamos para obreros, pero un día mi esposo se fue a trabajar, él que se va y llegaron dos tipos, tuvieron toda la mañana ahí, iban armados y yo sola estaba ahí. Dicen que eran guerrilleros conocidos de allá, pero nosotros no los conocíamos porque solo teníamos dos años viviendo ahí. Nos amenazaron, que sí seguíamos allá era peligroso, fue los que nos dijeron. Que nos fuéramos de ahí y tuvimos que hacerlo”.

Salir corriendo de un momento a otro y dejar todo lo que tenía sin saber a qué autoridad acudir, porque de todo temía, fue lo que lo que hizo María Fernanda Suárez y su esposo, así que se fueron a Táchira.

“Ya yo tenía el cáncer, estaba empezando el tratamiento cuando me tocó huir de mi finca. Nos venimos sin entender mucho, pero teníamos que salvarnos. Nos venimos con un cáncer y mucha fe. Mucha fe, eso sí, eso era lo único que traíamos”.

Ahora María Fernando vive junto a su mamá en San Cristóbal, “nos quedamos sin nada y con esta enfermedad a cuestas. Para arriba y para abajo con mi esposo”.

Esperando la cirugía

“Yo tengo cáncer de mama izquierda y desde diciembre pasado estoy esperando por una cirugía. Terminé las quimioterapias el 30 de diciembre pasado, y desde enero estoy en la lista para una cirugía, y si uno no se opera en dos meses el cáncer se puede reproducir”.

Dice tener miedo, “esto es difícil, yo no tengo hijos y me colabora es la familia y mi esposo que siempre ha estado a mi lado”.

Relata que desde el último mes del 2020 vive con mucha incertidumbre, teme que su cáncer se vuelva a activar si no obtiene la cirugía con rapidez, pero la lista de espera superaba las 60 personas en el Oncológico de San Cristóbal, donde es tratada María Fernanda Suárez. Las cirugías habían sido suspendidas desde diciembre pasado, por eso el 22 de febrero los pacientes tuvieron que llamar la prensa y hacer una protesta pública. Dilatar más una cirugía podía ocasionar que el cáncer se reprodujera tras la quimioterapia.

La cirugía 

Rodríguez confía que la intervención quirúrgica que le practicaron en el oncológico  la ayudará a superar el episodio del cáncer, aunque la angustia no la libera del todo, ni siquiera tras la operación, porque no tiene dónde hacerse el tratamiento oncológico que prosigue, las radioterapias.

El aparato de radioterapia tiene casi cinco años sin funcionar en el hospital central de San Cristóbal. Quienes deben proseguir tienen que viajar a Valencia o Caracas, y en las actuales circunstancias movilizarse hasta esas ciudades y quedarse para la aplicación de la radioterapia implica un gasto que puede superar los mil dólares con facilidad.

Otra opción es viajar a Colombia, pero allá es muy costoso para un venezolano, y en el sector público no asisten para tales tratamientos a los extranjeros.

– Ante su drama, que es el de muchos en el país ¿Qué le diría usted a quienes dirigen la salud pública?

– “Que tengan también compasión de nosotros, que nosotros también queremos vivir. Tenemos también derecho a la vida y a la salud… He llorado mucho por tantas cosas que hay que pasar. Y lo más difícil es cuando uno se entera que tiene esta enfermedad y es pobre. Uno se desespera y llora por ahí solita para no desesperar la familia. Pero con fe en Dios y uno también debe moverse para buscar la solución por otros lados”.

Con el dinero que ha obtenido de dádivas, María Fernanda Suárez ha podido comprar medicamentos, hacer los exámenes pre operatorios, que casi los completa, y realizarse la biopsia que es muy cara: “vale más o menos como medio millón de pesos (unos 160 dólares), si es solo de ganglios, pero si me piden dos, es más”.

Con información de DiariodeLosAndes

 

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