VENDER PASTELES DE ARROZ EN LA FRONTERA LE SALVÓ DEL HAMBRE A JOSÉ RAMÓN

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“Me estaba disecando, había perdido 60 kilos… ahora me va bien vendiendo pasteles” relata José Ramón Paz desde un costado del puente internacional Francisco de Paula S., pide dejen pasar la ayuda humanitaria para los venezolanos, “el gobierno está bien, ellos no la necesitan, pero el pueblo si”

sunoticia.com

Judith Valderrama

 

(Cúcuta/Colombia) José Ramón Paz Castro no sólo viene de Ureña, Venezuela, a vender pasteles al puente internacional Francisco de Paola Santander, del lado Colombiano, lleva alegría por donde va porque pone música con su voz cuando grita “pasteles, pasteles de harina de trigo”.

“Me vine de Venezuela porque mija, por la situación que tenemos en el país, no nos alcanza la plata para nada, se ha devaluado tanto que ahorita no es como en el tiempo de antes cuando nosotros nos criamos en Ureña (Venezuela), el bolívar valía e íbamos a Cúcuta que el bolívar valía 17 pesos, ahorita está al revés, la plata venezolana no vale nada y nosotros tenemos que venirnos para acá. Es tanto, que en Ureña nos cobran en colombiano en cualquier parte que usted va a comprar y no nos reciben bolívares, estando en Venezuela”.

José Ramón Paz cuenta que las fábricas que siguen funcionando del otro lado de la frontera –en Venezuela- han optado por pagarle al obrero en pesos. El obrero que trabaja allá lo hace por pesos.

Pasteles de mero

Los pasteles se los hacen en Cúcuta y vende unos 300 pastelitos en la mañana. Vive en Venezuela donde es más económico sí se tiene vivienda, por ejemplo, pero a pesar de su edad José Ramón Paz es muy vital, a las seis de la mañana está comprando los pasteles y a las 7:00 a 7:30 de la mañana ya está instalado a un lado del puente internacional vendiendo su comida. A la una de la tarde ya recoge su informal puesto y se va a casa, de nuevo cruza al puente hacia su país hasta el próximo día.

“Mi amor me va bien con la venta de pasteles, son de harina de trigo y mero, pero mero arroz”.

Si bien, desde 2015 el régimen de Nicolás Maduro cerró la frontera para paso vehicular, los venezolanos hoy cruzan en oleajes importantes de manera permanente, porque desde hace al menos tres años, la carencia de productos en su país les obliga a emigrar por esta ruta e ir a trabajar en Colombia o salir a buscar comida, medicina y otros enseres en el país vecino.

José Ramón Paz decidió irse a trabajar a Colombia de manera informal porque estaba pasando hambre, “yo me estaba disecando y dije, si yo me voy a morir disecado me muero en Ureña que es mi pueblo”, así que regresó desde Caracas, donde tenía décadas viviendo.

“Aquí me ha ido muy bien, allá en Caracas ya había perdido 60 kilos en un año, porque la comida no le rendía a uno y era poquito lo que tenía que comer. Yo me vine hace dos años y me ha ido bien”.

También como millones de venezolanos Paz tiene esperanzas en la llegada de la ayuda humanitaria para su pueblo, “yo espero que Dios y la Virgen nos colabore y le quite de la mente a ese señor presidente de Venezuela, que deje pasar la comida porque la necesitamos. Él no necesita pero el pueblo si necesita”.

A su criterio, es triste que no permitan el paso de alimentos y medicinas, “es para el pueblo, no para el gobierno. Porque el gobierno tiene todo y no necesita nada, pero el pueblo sí necesita esa ayuda humanitaria”.

Cuando terminó de contar a la prensa José Ramón Paz su historia en el puente internacional un grupo que le había hecho ruedo aplaudió, como en señal de que su mensaje interpretaba lo que todos querían decir, porque en ese punto de Colombia casi todos los vendedores ambulantes son venezolanos, que emigraron desde diversas partes de su país para buscar algo de pesos que les permita comer y enviar un poco a los familiares que les esperan.

Mientras muchos venezolanos esperan la ayuda humanitaria, que en un primer lote está contenido en los galpones de Tienditas, en el Norte de Santander de Colombia, otros siguen su trajinar diario cruzando de un lado a otro por los puentes internacionales que desde hace décadas unen a los dos países.

Sólo a pocos metros de donde Paz vende sus pasteles unas 50 toneladas de alimentos aguardan que el régimen de Nicolás Maduro permita el ingreso, lo que beneficiaría con comida a unas 5 mil familias por siete días, según el dato que ofreció el director de Gestión Nacional de Riesgos de Colombia.

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