MEDIO CARTÓN DE HUEVOS O 2 KILOS ARROZ ES LO QUE PUEDE COMPRAR UN ENFERMERO CON SU SALARIO EN VENEZUELA

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El salario de un enfermero universitario en Venezuela ni siquiera alcanza para poder pagar el pasaje de llegar al hospital, ellos deben financiar hasta su movilización para poder trabajar. Tres profesionales de blanco de Táchira nos narra lo que hacen para seguir ejerciendo

Sunoticia.com
Judith Valderrama

Deben trabajar en otras arias para poder cumplir con sus requerimientos básicos de alimentación, porque el salario como enfermeros en un hospital de Venezuela no les alcanza a los profesionales de blanco, Rubén Duarte por ejemplo cuida pacientes privados, Damar Franco vende maquillaje de manera informal y Evani Contreras trabaja en lo que consigue que le pueda ayudar, relata.

Rubén Duarte, es licenciado en enfermería con especializaciones diversas en esa profesión y más de 30 años de experiencia en el oficio, laborando en el Hospital Central de San Cristóbal. A pesar de su preparación y su entrega, el salario de la última quincena sólo le alcanzó para comprar medio cartón de huevos, y dice que le da pena relatar ese testimonio.

“Nosotros estamos cobrando quincena de 70, 79 mil bolívares y algunos compañeros nuevos están entre 50 a 53 mil bolívares quincenal. Es una situación realmente lamentable que nosotros en calidad de profesionales con especialidades estemos tan sub pagados a nivel nacional y a nivel regional, de ahí que nosotros queremos hacerle un llamado al ministro de la salud para que se siente a discutir las convenciones colectivas que nosotros tanto necesitamos. Nosotros seguiremos aquí con la vocación de servicio”.

Duarte también abogó por los profesionales de enfermería que salieron jubilados, dice que es triste lo que reciben luego de haber entregado toda la vida al servicio de la salud y sus pacientes. El arreglo que les entregaron después de más de 30 años de servicio osciló entre 300 a 500,000 bolívares, sostiene el enfermero.

“Ese es el llamado que nosotros hacemos, volver a la discusión de la convención colectiva que realmente dignifique el trabajo que hacemos los profesionales de enfermería, porque esta situación ha hecho que muchos profesionales emigren, se vayan del país porque el salario que nosotros tenemos realmente es irrisorio”.

Cuenta el licenciado en enfermería Rubén Duarte, que ellos han tenido que acudir a otro trabajo para poder subsistir en Venezuela, en su caso particular va a las casas a cuidar pacientes particulares.

“Así trabajemos en dos partes en el hospital y en clínicas privadas los salarios no alcanzan, por eso muchos se han dedicado a otro tipo de trabajos que no son precisamente los de enfermería para poder alimentarse y alimentar a su familia “.

“Hace más de 6 años no compro un uniforme”

Damar Franco, también es profesional de la enfermería, es la enfermera del piso 10 del Hospital Central de San Cristóbal, área de traumatología.

Ella va trabajar sólo por cuidar de los pacientes que tanto les necesitan y llegan a ese centro de salud sin más alternativas, porque lo que le llega de quincena desde hace un tiempo para acá a dejado de interesarle, no le alcanza para nada, sostiene.

“Yo no compro nada aquí porque ese salario de enfermera no me alcanza para nada. Me tengo que dedicar al comercio para poder cumplir mis gastos básicos de alimentación y transporte”.

Ella vende maquillaje de manera informal, “casi todo los que estamos, seguimos aquí buscamos alternativas para poder solventar las necesidades de nuestras casas, porque tenemos un sueldo ficticio es la verdad, realmente eso no significa nada y tenemos que buscar la moneda pesos, para comprar“.

Damar Franco cumple religiosamente con su trabajo en el hospital central, pero relata que tiene más de seis años sin comprarse un uniforme, “lo compré en ese tiempo cuando todavía se podía adquirir”.

Se va caminando porque no alcanza para el pasaje

Evani Contreras es de las nuevas generaciones de enfermeras profesionales, tiene seis años y medio ejerciendo su carrera en el hospital Central de San Cristóbal, su mística y su deseo de servir a quien sufre dolor superan el triste salario que devenga, con el cual la quincena pasada sólo pudo comprarse 2 kg de arroz, según relata.

Debe trabajar en instituciones privadas para poder cubrir a medias sus necesidades, pero ni siquiera le alcanza para pagar pasaje y tiene que movilizarse hasta el Hospital Central caminando, “ni siquiera me alcanza para pagar el pasaje y me muevo del ente privado aquí caminando”.

Contreras al igual que sus colegas enfermeros debe buscar otras opciones de trabajo para poder subsistir, “muchos nos dedicamos al comercio informal, a otras cosas que nos pueda ayudar o cumplimos tratamientos, hacemos curas y vamos a pacientes privados en las casas“.

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