“ME ADAPTÉ A CHILE, PERO EN MI DESEO MÁS PROFUNDO ESTÁ VOLVER A VENEZUELA”

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Amancio Ojeda llegó hace año y medio con una propuesta a Chile, su empresa de asesoría forma líderes en ese país. Ya casi toda su familia está allá, luego de que su hijo partiera solo abriendo paso desde Venezuela

sunoticia.com

Judith Valderrama

Amancio Ojeda y la mayoría de su familia ya han emigrado de Venezuela

La inmigración de  venezolanos en los últimos 5 años es cada vez más alarmante, la ONU indicó que la cifra supera los 3 millones de migrantes. Los primeros eran inversionistas con grandes capitales, pero fue variando el perfil, hasta llegar al 2018  cuando  surge un desesperado  venezolano que huye caminando y en un viaje  épico atraviesa Venezuela, Colombia y  otras naciones, llegando  a alejados puntos como Perú y Argentina, algunos incluso han dejado su último aliento en la travesía.

Mientras que otros, siguen partiendo  con más oportunidad, sobre todo creativa, que parece ser un elemento indispensable para comenzar una vida fuera de la patria. Como el zuliano  Amancio Ojeda, quien junto a su familia emigró a Chile hace un año y cuatro meses. Allá se abre paso con su conocimiento y una propuesta de desarrollo para empresas en esa nación.

“Siempre tuve en mente emigrar, proyecto que pospuse y que la realidad desafiante de Venezuela me apuró cuando matan a Geraldine Moreno, (estudiante opositora, septiembre 2017) mejor amiga de mi hija. Decidimos no irnos tan lejos, estar más cerca, mejorar nuestra calidad de vida y seguir haciendo lo que hacemos o hacíamos en Venezuela”.

Una propuesta bajo el brazo

La pareja de venezolanos trabaja en Chile formando líderes

Amancio Ojeda junto a su esposa y socia, llega a Chile con una propuesta de “aprendizaje acelerado”, metodología poco conocida en ese país, según relata.

“Debimos ser muy flexibles o estamos siéndolo, para que la gente pueda entender cómo es nuestra manera de hacer las cosas, por ejemplo, utilizábamos el término facilitadores y aquí (Chile) el término es relatores, y ya eso era todo un desafío que retaba nuestra creencias y así como eso, tuvimos que flexibilizarnos para que nuestra propuesta pudiera cambiar en formas, pero en el fondo fuera lo más profundo. Eso hizo que  tuviéramos acogida”.

Darle formalidad y estructura hizo que la propuesta del venezolano en Chile, tuviera aceptación, según  cuenta Ojeda.  “Nos propusimos hacer las cosas bien con altos estándares  y nos está generando buenos resultados”.

Lo que llevan a las empresas chilenas es un curso adaptado a las características propias de cada grupo. Relata que forman al personal de la empresa  que los contrata, para una nueva forma de educación más enfocada al ser, a través de dinámicas diseñadas para cada organización.

“Hacemos lo que todo facilitador se debe proponer, que la gente aprenda y hayan cambios de conducta, en el caso de la empresa mejora su productividad”.

 

“Escucho gaitas todos los días”

-¿Cómo migrantes venezolanos que fue lo más difícil de superar en Chile?

-“Lo más complejo  ha sido el desarrollo de la paciencia, porque nosotros llegamos y queríamos que las cosas pasaran a nuestra velocidad, porque nosotros necesitábamos tener la documentación, y la verdad es que el país marcha a una velocidad y nosotros a otra. Es un desafío, que se desarrolla con tus más cercanos cuando emigras, porque llegas a sentir que las cosas no avanzan, que la migración fue una mala decisión, es parte del proceso de adaptación de todos en la familia , entender que estamos en otras condiciones”.

-¿Ya se adaptaron a ese país?

“Voy hablar por mí, yo sí. Aún añoro cosas de  mi Venezuela amada… Vivo en los dos lados, haber, no me puedo desvincular de  Venezuela del todo, pero no me la paso viendo las noticias de  Venezuela, tengo inmuebles allá, negocios allá,  tengo afectos allá. Allá está mi suegra, mis tías, primos, aunque mi mamá y todos mis hermanos nos fuimos, pero no me puedo desvincular ciento por ciento, soy muy venezolano, soy maracucho y escucho gaitas todos los días”.

.¿La comida chilena o la venezolana, cuál prefiere?

-“Hay comida chilena muy buena y la disfruto y la sirven cuando voy a los cursos, pero en mi casa se  cocina comida venezolana, pero por ejemplo ya no tenemos adobo como el de nosotros en Venezuela y usamos otra cosa de acá que nos cambia el sazón y mi esposa aún sufre por eso”.

Los afectos -señala- es lo que más extraña   y lo más difícil de manejar.

-¿Ha pensado en regresar a Venezuela si la situación de su país cambiara?

-“Esa es una pregunta que nos la hacemos muchas veces y no tenemos una repuesta definitiva. Porque eso es parte de lo que aprendes en la migración, vivir el presente, el hoy, pero mañana no sabes. Hoy sabes que tienes un empleo y mañana no sabes, hoy es uno el clima y mañana es otro. Sé que siempre vamos a volver a Venezuela de alguna u otra manera, pero de forma definitiva no te lo podemos asegurar. En mi deseo más profundo está volver y volver a instalarme en Venezuela y seguir haciendo lo que hacía en mi país, que era formar líderes”.

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