LAS COLAS POR GASOLINA EN TÁCHIRA NO DEJAN VIVIR A QUIENES ESTÁN CERCA DE ESTACIONES DE SERVICIO

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Quienes hacen cola por gasolina no son los únicos que sufren en el Táchira, exista otra cara del padecimiento y es de los que viven cerca de las estaciones de servicio. Frente a sus casas las colas permanecen y les dificultan salir, entrar, descansar y hasta mantener limpieza

Judith Valderrama

Unos sufren por hacer colas durante días para poder comprar gasolina en el Táchira, pero hay para quienes el padecimiento es vivir en las zonas donde se hacen esas colas, porque no pueden descansar en sus propios hogares, ni salir de sus casas  porque siempre hay obstáculos frente a sus garajes o puertas.

Ligia Arellano, dice que muy difícil vivir con una cola de gasolina día y noche frente a su casa

Ligia Arellano vive en la calle 16 del sector  La Romera, en San Cristóbal, ella recién se recupera de una situación de salud, pero descansar en su hogar cuando la cola de gasolina está instalada  al frente, no es una tarea posible, «No vivimos en paz con gente durmiendo hasta 3 días frente a la casa de uno. Para uno salir debe ponerse a buscar en la calle quien es el chofer del carro que está parado frente a la casa. Esto es muy bravo y no terminan nunca de resolver lo de la gasolina  en el Táchira, cada día todo es peor».

La crisis por combustible en Táchira, en vez de mejorar empeora a pesar de que el gobierno nacional ha implementado cantidad de acciones, que lejos de solucionar ha permitido que mafias se lucren, incluso con las colas de gasolina se hace negocio, porque cobran por un puesto en la cola entre  5, 10 y hasta más pesos colombianos.

Rosalía Rangel, dice que dejan desechos frente a sus casas quienes deben dormir en las colas

Rosalía de Rangel, también tiene su vivienda en  la calle 16 de La Romera, ella comenta, «yo ya soy una persona mayor. Es un abuso, dejan todo el mugre en la calle y quienes venían a echarse palos en la cola es toda la noche y montan su fiesta. No respetan ni el día, ni la noche, ni a viejo, ni a joven».

«Una vez peleaban por un puesto en la cola de gasolina y casi hay hasta un muerto frente a mi casa», relata María Arellano, quien a pesar de su edad debe limpiar los desechos humanos que dejan algunas personas frente a su residencia o en su porche, «nuestra vida se transformó después que la cola de gasolina llegó».

El comercio también tiene pérdidas. Las ventas de su negocio eran bajas, pero ahora  se han casi anulado en el caso de José Luis Moncada, quien explica que la depresión se debe a  que a toda hora del día tiene carros estacionados frente a su tienda y los clientes que llegan se van, al no poder estacionarse, «todo se pone caótico con esas colas, ojalá algún día puedan dar solución porque ya no hay forma de vivir o de llevar un negocio con tantas dificultades».

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