La forma del agua: una historia donde la creatividad y el amor ganaron un ÓSCAR

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La forma del agua,  es la película que este año superó a todas sus competidoras en el más importante premio del  espectáculo y del cine del mundo. Una historia de amor nada convencional, narrada entre frías pero coordinadas imágenes 

La Forma del Agua se ha llevó el premio más importante de la edición numero 90 de los Oscar, la mejor película.

Es una fábula  de amor fantástica del cineasta mexicano Guillermo del Toro, quien optó por 13 estatuillas en esta edición de los premios Óscar,   siendo el film más nominado este 2018.

Alcanzó finalmente cuatro premios, a mejor película, mejor director, mejor diseño de producción y banda sonora en una gala que ha tenido un claro acento mexicano, ya que además de la película del realizador de Guadalajara también ha sido galardonada Coco, la carta de amor de Pixar al país azteca que se ha llevado dos Oscar: película de animación y canción original (Remember me).

Guillermo del Toro durante su discurso al recibir el Oscar a la mejor película por 'La forma del agua'

Guillermo del Toro durante su discurso al recibir el Oscar a la mejor película por ‘La forma del agua’ (Mark Ralston / AFP)

Un cuento de Hadas

Del Toro ha seducido a los miembros de la Academia de Hollywood con un cuento de hadas que rinde homenaje al cine y a la diversidad.

Cuenta la  historia de amor entre una limpiadora muda y un hombre anfibio capturado en Aamazonas, Latinoamérica, el hombre es llevado a un centro de investigación aeroespacial de Baltimore (Estados Unidos) en plena Guerra Fría.

Ante todo, cabe decir que La forma del agua es un filme que emana poesía en cada una de sus imágenes. Dos horas de puro goce visual donde se pone el foco de atención en seres invisibles que piden un poco de atención a una sociedad que mira para otro lado.

Del Toro ha construido esta peculiar versión de La Bella y la Bestia desde la urgencia por asumir su película más adulta, donde la sexualidad, la política, el amor, el racismo y la exaltación de lo diferente saltan a la palestra en un entorno mágico con una paleta de colores donde predomina el verde como símbolo de esperanza y mensajes como “La vida es lo que queda del naufragio de nuestros planes”. El filme, presentado por el propio director en la pasada edición del festival de Sitges, se alzó vencedor con el León de Oro en Venecia.

 

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