Cruzar el puente: un drama que sólo el venezolano sufre y conoce

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Cruzar el puente  Internacional que lleva a Colombia, es inimaginable para otro  ciudadano que no sea venezolano, incluso para el Colombiano, quien con su cédula de identidad pasa sin cola

Cada uno lleva una historia, una bolsita en la mano y cansancio en el cuerpo

Vivir en Venezuela con un salario mínimo es una tarea imposible para cualquier venezolano, más, si tiene un cuadro familiar, tomando en cuenta que sólo un cartón de huevos vale Bs.  450.000,  el equivalente a dos meses de trabajo,  con un salario mínimo mensual de 248.510 bolívares.

A este salario se suma el bono de alimentos, que no forma parte de las prestaciones sociales, pero que suma 549.000 bolívares más al mes. Aun con ese beneficio sólo alcanzaría para el cartón de huevos y el sobrante para el pasaje, no  se puede hacer ningún otro gasto y esto es un evidente camino a la muerte  por hambre.

El horario de trabajo regular de un venezolano es  8 horas al día,  muchos buscan tener dos empleos, pero eso no garantiza siquiera poder ganarpara comer. Vivir de las remezas o el dinero que envían del exterior los familiares que pudieron salir y trabajar, es la opción de miles para sobrevivir

Cruzar el puente no se puede contar, solo se vive desde un cuerpo cansado y un corazón dolido

La verdad de cruzar el puente se lleva en el corazón y en el estómago de la mayoría de venezolanos. Ir a Colombia es la opción entre vivir o morir, porque allá “es un país normal” y el venezolano se conectan con el mundo, ya sea por el dinero por remesa, el alimento que hay en el anaquel o la medicina que si existe en la farmacia

 

 

 

Al exterior por remezas

Las colas son enormes. De 5 a 8 horas pasan los venezolanos esperando el dinero que les llega por encomiendas de sus familiares en el exterior, recursos con los que viven muchos ante la crisis  económica y la hiper devaluación de su moneda

En Venezuela, nada es sencillo, es todo más dramático que en la misma Cuba,  donde el isleño puede recibir sus remesas de  dinero directamente en su país.

En  el país gobernado por Nicolás Maduro deben viajar a otra nación para recibir el dinero de las remesas en dólares, la mayoría van a Colombia, ciudad fronteriza de Cúcuta, a donde llegan caminando porque el paso vehicular no volvió abrirse desde que  el 19 de agosto del año 2015 cuando el presidente de Venezuela cerró la frontera.

Enormes colas a pleno sol y 40 grados de temperatura para retirar remezas de dinero que envía la familia que está en el exterior

Cruzar el puente acarrea muchos gastos económicos, sobre todo para quienes viven  en ciudades alejadas de la frontera. Viajar hasta allí es difícil ante la escasez de transporte en Venezuela,  porque las flotas de  vehículos no se renovaron y no hay repuestos para reparar las circulantes.

Pero los gastos no son solo económicos, también son físicos y emocionales a niveles solo comprendidos por quienes los sufre.

Deben llenar requisitos legales únicos, no sólo tener un pasaporte como  es lo regular, Colombia  implementó una Tarjeta Migratoria Fronteriza que debe tramitarse  previo al cruce, pero ya fue eliminada este jueves por el presidente de Colombia Juan Manuel Santos. Pareciera que  cuando el venezolano se va a adaptando penosamente a ciertas exigencias, alguien le cambia todo para volver a desestabilizarlos.

Ahí va la diáspora, ríos humanos que huyen del país que ayer fue el más rico del sur

Sólo se podrá cruzar para Colombia con pasaporte venezolano. En Venezuela obtener un pasaporte además de costoso es un milagro que pasa por gestores, amanecidas buscando entrar a una página web y después colas frente a los despachos de migración venezolana.

Ya  con todos los requisitos en regla  el venezolano se va Colombia a buscar la remesa que le envió su familiar del exterior. Al llegar a la frontera, de lado venezolano debe hacer una larga fila humana que procuran sea lo más lenta posible, por parte de los custodios de Venezuela,   la Guardia Nacional y el ejército. En muchos casos los uniformados  pasan a chequeo  a quienes están en la fila y buscan algún argumento para negarles el paso y así conseguir, finalmente, dinero que portan, sobre todo si es dólares.

Con la maleta a hombros, muchas veces ahí se lleva el trabajo de toda una vida

Superado ese cruel proceso, pasan a Colombia donde son revisados si llevan su documentación al día y sellado su pasaporte (ahora). También una enorme cola deben superar del lado colombiano los venezolanos.

Ahora deben buscar la agencia de la  oficina de encomiendas o remesas de dinero. Hay varias en Cúcuta, algunas como la de la plaza de Santander. Se hace la fila en la calle a  40 o más grados centígrados bajo el sol. La espera en esa fila humana es impredecible, puede dilatarse 5 a 8 horas por el enorme flujo de usuarios que a diario tramitan.

La amabilidad es escasa para los venezolanos de parte de los despachantes de las empresas de encomienda, quienes instituyen una cola  para colombianos, otra para extranjeros.

Ahora el retorno

Antes que ellos, el venezolano Bolívar cruzaba esa frontera, iba a llevar Libertad a América. Hoy sus connacionales salen a buscarla

 

Ya con el dinero en mano y tantas horas de travesía el día se  fue. así que comprar la medicina urgente para salvar la vida de un familiar que  espera en Venezuela, es posible que no se logre en esa jornada, porque tienen que retirarse al menos a las 7 de la noche, el paso por el puente Internacional cierra a las 8 de la noche y no hay apelación, tampoco hay dinero para comprar comida y poder quedarse y menos  para cancelar un hotel.

Si el dinero de la remesa se va a emplear en mercado, porque en Venezuela es escaso el alimento, podría alcanzar hacerse algunas compras, eso sí, la prioridad es que  no cierren el puente Internacional porque el drama es insospechado.

Ya con las pocas compras y sin haber comido nada  -como lo hacen la mayoría- porque al cambio es muy costoso comprar hasta una botellita de agua en Colombia. Hay que retornar.

Cansados y rogando a sus santos que les dé  chance cruzar el puente se disponen  a retornar caminado hasta Venezuela, volver al país anormal pero con algo en el bolsillo o en su bolsita, que por poco que sea, al llegar a casa puede significar un tesoro, así se trate de un simple paquete con papel higiénico.

 



¿Cuál xenofobia?

Callados regresan, es un drama solo de ellos, de los venezolanos. Y se repite en  miles cada día. Unos 16 mil venían cruzando el puente cada día, hasta este viernes que las medidas migratorias del presidente de Colombia Juan Manuel Santos redujeron la cifra a menos de 8 mil.

Cruzar el puente es cruel, si Venezuela estuviese regular pocos lo harían, todos lo hacen por la necesidad estricta. Significa para cientos comer o pasar hambre, vivir o morir.

Todos cruzan por sobrevivir, ya se a porque logran llevar algo de dinero, alimentos, comida o simplemente huir de su país a pesar de haber heredado un país de los más ricos del mundo, a pesar de la mayoría tener alto nivel académico,  a pesar de una historia de liderazgo latinoamericano que ningún otro país tiene, porque un venezolano igual que ellos en nacionalidad un día cruzó todas esas fronteras a llevar libertad a cinco países, entre esos países a Colombia, a donde van cada día  miles de venezolanos, hoy con el cuerpo cansado,  el estómago vacío y la resignación cruel de padecer vestigios de  xenofobia cada día más repetidos.

¿Pero qué es eso de xenofobia? el venezolano apenas lo entiende, era materia de películas u de historia de otros países, ahora es materia de su propia piel, son víctimas. Ayer que en su país nunca germinó eso de xenofobia, a pesar de ser un país repleto de inmigrantes, se  contabilizaban según voces oficiales hasta 5 millones de  personas solo de Colombia. Pero en Venezuela la tierra prometida de Sur América, de muchos europeos, árabes y del mundo no sabían qué era eso.

Los venezolanos como sociedad nunca  supieron que  era ver diferentes a los inmigrantes que llegaban a su país, ahí cabían todos y se hacían muy prósperos con trabajo. Eran felices, ricos y generosos. Menos sabían que era emigrar, es la primera vez en su historia republicana  que ese fenómeno se presenta, siempre fueron receptores, hoy son nómadas terrícolas y en muchos de esos pueblos a donde llegan los acompaña la gloria de muchos próceres en las plazas donde se erigen estatuas de connacionales, como la de Bolívar, que es la plaza principal de cada ciudad de la vecina Colombia.

La Loma de Bolívar, en Cúcuta, Norte de Santander, Colombia


 

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